Este ensayo fotográfico trata la discriminación que sufren la viudas en los sectores más conservadores del hinduismo. Ser viuda en India, en muchos casos significa estar muerta en vida. En el instante que fallece el marido empieza una terrible condena; les raparán el pelo, las vestirán siempre de blanco, no llevarán joyas, les despojaran de todas sus posesiones, de su estatus social, serán repudiadas por toda su familia, traen mala suerte, incluso su sombra da mal augurio y son una maldición. Todo este calvario por el simple hecho de haberse quedado viudas. Una situación que las deja sin techo y a merced de la caridad. Esta situación ha llevado a más de 20.000 viudas a refugiarse en la ciudad santa de Vrindavan, donde sobreviven mediante la mendicidad y la ayuda religiosa.
El concepto de fondo es que una buena mujer debe estar siempre bajo la protección de un hombre, de su padre al principio y de su marido más tarde. Cuando enviuda, sobretodo si es joven, se convierten en un peligro de orden social. El luto bien llevado, debe ser pura en cuerpo, pensamiento y alma hasta que muera, es la solución que aporta el hinduismo más conservador. Lucirán una marca de ceniza en la frente, y se les considera culpables de la muerte del marido.















